Qué pasará los 40 días después de tener a tu bebé

Qué pasará los 40 días después de tener a tu bebé

Escrito por La Libreta Morada

En 40 días afirmas, compruebas, lo gritas y sacas pecho: ¡las mamás somos las personas más fuertes del mundo! Con la mitad de energía, el triple de emociones y un cuarto de sueño y descanso, estamos siempre listas (sin estar listas) para hacer lo que sea por nuestros hijos.

En 40 días te preguntas: ¿por qué nadie me habló de lo duro que era el primer mes ni de esa primera noche en la clínica con un hijo recién nacido? ¿Existe un pacto de silencio al respecto?, ¿está mal hablar de que estás mal cuando se supone que todo tiene que ser maravilloso? Pocos se atreven a decirnos lo complicado que puede ser y, aunque lo hagan, no es algo fácil de explicar con palabras. Por eso, quizás lo más difícil de los días después de dar a luz es que hay que vivirlos para poder comprenderlos. Dar una pequeña explicación de la avalancha de cambios no es suficiente para dejar clara la complejidad del asunto.

En 40 días descubres que probablemente no, no volverás a ser la misma Mariana de antes. Y no pasa nada. Con el nacimiento del bebé nace una parte de nosotros que no conocíamos. Ser madre, ante todo, significa presencia, y eso hace que todo sea mágico y durísimo por partes iguales. Perder la independencia en menos de 24 horas asusta, procesar que la vida nos cambia drásticamente y para siempre asusta el doble. Entonces elijo ser una versión mejorada. Más fuerte, más práctica, más consciente. Menos egoísta.

En 40 días aceptas parar. Ceder el control, olvidarte de los afanes y las presiones de la vida moderna para disfrutar los días como son. Las cosas no van al ritmo que queremos, van al ritmo que tienen que ir, y eso es algo que todos deberíamos asumir como parte de la vida, sino corremos el riesgo de vivir en una agonía permanente.

 Ser madre significa presencia, y eso hace que todo sea mágico y durísimo por partes iguales 

En 40 días confirmas lo que es una verdad universal: que el tiempo es lo más valioso del mundo, y que el mío ya tiene otro dueño. Que querer y poder son dos cosas diferentes. Que ya no es cuando yo quiera bañarme, cuando yo quiera almorzar, cuando yo quiera hacer chichí, cuando yo quiera llamar, cuando yo quiera hacer el post. Ahora es cuando yo pueda. Que el día tiene 24 horas para todos, jamás tendrá 28 ni tampoco 21. No podemos comprarles a los días más tiempo para hacer lo que queremos y nunca alcanzamos, pero quizás deberíamos aprender a valorar, negociar, organizar, gestionar y mimar el (poquito) que tenemos.

En 40 días lactando, las tres horas de una toma se juntan con las tres de la siguiente. La operación es sencilla: 30 minutos pegado al pecho + 30 minutos sacando gases + 15 minutos cambiando el pañal da como resultado que un bebé come, se le sacan gases, se cambia, se le entretiene, se intenta dormir y cuando finalmente lo hace, ya prácticamente se han cumplido las 3 horas y adivinen: tiene que volver a comer.

En 40 días le agradeces de nuevo a Pedro por quedarse y a Dios por permitirlo. Recuerdas cómo fueron las últimas semanas de embarazo y das las gracias de nuevo por la fortaleza que te dio para lograrlo. La ansiedad, la incertidumbre, la emoción. La angustia que trae cada ecografía. Los latidos del corazón. La presión alta, la necesidad de una cesárea programada.

 No podemos comprarles a los días más tiempo para hacer lo que queremos y nunca alcanzamos, pero quizás deberíamos aprender a valorar, negociar, organizar, gestionar y mimar el (poquito) que tenemos 

En 40 días me despojé de mi vanidad. La cicatriz de la operación y sus curaciones diarias. La recuperación de un cuerpo que sufre cambios. Las duchas después de las cuatro de la tarde. Los dos vestidos cómodos se convierten en los mejores amigos de la lactancia a libre demanda. El bollito en el pelo para soportar el calor. Los pies hinchados y las ojeras que no se tapan porque no, no hay tiempo para maquillarse.

En 40 días me reí de los errores de primeriza. Me reí después de haberlos llorado, por supuesto. Los pezones agrietados, la sangre que escandaliza, el dolor de los senos cuando están llenos de leche, los pañitos de agua tibia, los masajes con Vacol, el agarre correcto, la posición más cómoda; brazos que arrullan, donas que salvan espaldas, inyecciones anticoagulantes que no cubre la prepagada, lagrimales obstruidos que alarman.

En 40 días aprendes a hacer todo con una sola mano, te sabes todas las canciones de La Totuga y le quemas el celular a tu pediatra con preguntas diarias que generalmente empiezan por un: “Es normal que…”. En 40 días eres experto cambiando pañales, limpiando el ombligo y aspirando moquitos ajenos. Sabes la diferencia entre regurgitación, reflujo y vómito. Entiendes que el pujo es, dentro de la lista de síntomas normales, lo menos normal y más angustiante para los papás. Sacar un gas nunca había sido tan difícil y tratar de mantener despierto a un bebé durante las horas previas a un tamizaje auditivo es más complicado que dormirlo.

En 40 días los días vuelan y a la vez parecen años. Algunos te sientes tan cansada-abrumada-agotada-sensible-sola que crees que la vida te supera. Y se vale levantar la mano para pedir ayuda. Seis días después del nacimiento de Pedro estuvo Clara en mi casa. Conversamos. Lloré mucho. Hablamos de Macarena, de Pedro, de cómo me sentía y todo lo que pasaba por mi mente. Ella, psicoterapeuta experta en depresión postparto, encontró las palabras más bonitas y me dio la tranquilidad que necesitaba. Compartió conmigo herramientas valiosas para sobrellevar ese momento denominado, según ella, baby blues.

En 40 días creas tu propio grupo de apoyo conformado por mamás “recién (o no tan recién) estrenadas”. La mamá de Gaby, de Luka, de Niko, de Agustina, de Leticia, de Salomón, de Miguel, de Noah, de Agustín, de Olivia, de Antonio, de Vicente, de Martín y Tomás.

Amigas del alma, amigas de Instagram, no importa. Todas somos iguales o al menos todas estamos pasando por lo mismo y se siente bien estar acompañadas. Compartimos los mismos miedos y alegrías de una etapa desconocida y, además, todas estamos despiertas a las tres de la mañana. Una llamada, una nota de voz, un video, una foto.

Todos los recursos son válidos a la hora de desahogarnos, porque así dejamos de sentirnos mal por sentirnos mal en un momento en el que se supone que todo es fantástico y no te puedes quejar. Ojo, es un grupo de apoyo, no un casting para las olimpiadas de súper mamá. Lejos de ser una competencia para definir quién es mejor que otra, qué hijo duerme toda la noche o cuál ganó más peso, es un espacio solidario que se reserva el derecho de admisión de comparaciones y complejos de grandeza.

En 40 días me permití ser vulnerable, sentirme humana. Se vale decir que estás triste, se vale decir que estás cansada, se vale saber que la falta de sueño descompone, se vale sentir miedo, se vale llorar, así como aceptar que el sentimiento de culpa no solo no se irá, sino que además se hace más grande. Que sentirnos culpables y responsables de lo que le pasa a nuestro hijo, tan pequeño, tan frágil, es una realidad inevitable y eso hace que, como madres, carguemos sobre nuestra espalda demasiado equipaje. De nuestra labor van a salir personas a impactar el mundo. 

En 40 días te sientes poderosa y privilegiada cuando sabes que tu hijo llora con otros y solo se calma con el calor de mamá. Te sientes especial, pero a los dos días rezas para que sea al revés y así puedas descansar, aunque sea un ratico. Sueñas con que a papá le salga leche al menos una vez para que sepa lo que significa amamantar (y así poder turnarnos, sobre todo en las tomas de la noche).

 En 40 días me permití ser vulnerable, sentirme humana. Se vale decir que estás triste, se vale decir que estás cansada, se vale saber que la falta de sueño descompone, se vale sentir miedo, se vale llorar 

En 40 días eres sincera. Contigo, con tus amigas, con tus seguidoras. Decides escribir acerca de los primeros cuarenta días postparto y, aún con miedo de que suene a queja y no a reflexión, lo haces público. ¿Por qué? Porque hay que equilibrar la balanza. Porque escribir siempre ha sido un ejercicio de sanación para mí. Porque tener un hijo es una felicidad inmensa-indescriptible-brutal-compartida-maravillosa, sí. Pero hay peros de los que hay que hablar para prepararnos mentalmente, para saber que no estamos solas y que, al final, en forma de mantra: todo pasa. Que no se nos olvide.

En 40 días el sueño de tu bebé es impredecible. Un día duerme como angelito y al otro pasas la noche en vela. Entonces llamas a La Nana Coach, consultoras en sueño infantil, para que te asesoren. Por el bien de tu hijo, por la salud de la mamá, por el bienestar de la pareja, por la paz del hogar. Más adelante les cuento cómo avanzamos con este tema.  

En 40 días confirmé que, a cinco días de mis 30 años, me encuentro cara a cara con mis retos más grandes y, aun así, siento que estoy viviendo el sueño que siempre quise vivir. No hay libro ni curso que te prepare para la grandeza y la intensidad de estos días, pero ser mamá tiene recompensas espectaculares. No hay ningún sentimiento comparable con oler a tu hijo. Tenerlo cerquita para verlo, para soñarlo, para que no se le olvide tu cara. Tenerlo en los brazos dormido y en paz; ver cómo te sonríe cuando se despierta y cómo se calma cuando llegas, llena el alma. Me cuesta controlar tanto amor, por eso en esta casa hay exceso de besos, de mordiscos y caricias. Ser madre significa tener una razón de ser para el resto de tu vida, sí, y eso hace que absolutamente todo valga la pena. La memoria y el tiempo van borrando las huellas del parto, de las contracciones, de las pérdidas, de la incertidumbre, de las noches sin dormir, de las hormonas alborotadas y al final solo queda el amor infinito hacia ese cachetón de ojos achinados que me ha robado el corazón.

¿Somos valientes? A la 1, a las 2, a las 3. Sin anestesia. Que no nos dé pena reconocerlo, mamás. La maternidad no es un juego, es un compromiso eterno, una entrega y una renuncia continua. Paciencia, amor, intuición, sentido común y una dosis de 500 gramos de fortaleza para los primeros 40 días en este nuevo cargo. Lo estamos haciendo muy bien.

 Ser madre significa tener una razón de ser para el resto de tu vida y eso hace que absolutamente todo valga la pena 
Posteado el 27/01/2020 Home 779

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